LOS MARES.
Naufragio de las almas
los relojes
ahogaron
su compás de
dos tiempos
en salino
colchón.
Se fueron a
dormir
cabellos suaves
en las algas
hiladas
infinitas.
Y la mar fue
respuesta
cuna y lecho
en el
momento en que alzó
su
vuelo
la última gaviota
ebria de voces
en su propia garganta.
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