viernes, 25 de septiembre de 2015

LA NAVE ESPACIAL


Hoy le tocaba a él, finalmente el papá cumplía la promesa, desde el año pasado que esperaba.
Mejor dicho desde los cuatro años que envidiaba a su hermano mayor que salía todas las mañanas. Claro el iba a la escuela a la tarde, siempre tenía buenas notas, bueno, buenas lo que se dice rebuenas no, pero pasaba de grado fácil y ahora había arrancado la secundaria. A él le costaba bastante, perdía los útiles, a veces no copiaba la tarea, las letras parecían “patas de gallo”, decía la maestra.
¿Cómo serían las patas de gallo? No tenían gallinas, ni gallinero...Serian como en el libro de lectura, después de todo no eran tan feas. ¡Decí que la seño era rebuena y lo ayudaba con fotocopias, con lo que le costaba copiar!
Mientras pensaba, metía las manitos en el agua fría, lavándose la cara y mojándose el pelo.
Esta vez no tuvieron que apurarlo, como todos los días para la escuela, más bien cuando lo llamaron ya estaba totalmente despierto con una sonrisa grandota.
La mamá le sirvió la taza de mate cocido bien caliente, le alcanzó el buzo azul y la gorra.
-Peináte bien y abrigáte, hace frio-
Menos mal que ésta semana no se había peleado con nadie, sino capaz ni lo llevaba Su hermano de catorce dormía, tres hermanas y dos chiquitos también.
Salió con la cabeza erguida, orgulloso,  feliz.
En la calle pateó todo lo que pudo, no hablaban al respirar les salía un humito tibio de la boca.
Menos mal que era sábado.¡ Capaz mañana si el viejo salía lo llevaba de nuevo!
El lunes les contaría a todos. Seguro que no le iban a creer. Ya le parecía escuchar al Jonatan ._¡ Que vas a ir vos,  si sos más flaco que un alambre, con el frio que hace, no mintás pibito, no mintás.
Lo miro al viejo alto, morocho, flaco, hoy lo veía más grande que nunca.
_No me dejas a mi? Dale pá, dale, dejáme un cachito, ya soy grande yo, dale pa ahora que recién largas, si el Matías puede pá , yo también ¡! Dale, no seas malo dejame un cachito, un ratito nomas, yo puedo._
_No, sos chico vos, no es tan fácil, tenés que tomar mucha sopa todavía.
Te crees que esto es así nomas, no, no es nada fácil, mira como le quedaron las manos al Matías._
Sos muy chico vos, te falta sopa, ya vas a tener tiempo.
Pero no, pá si yo puedo, tengo fuerza, yo quiero, si es lo que más me gusta en la vida. Dale pá, dejame, dale
Qué ¿Te vas a poner a llorar?  ¡Si sabía ni te traía ¡! Que haces, que pateas!  ¿Sos loquito vos? ¡ Mira que te doy un boyo eh...! No, no me llores, está bien. ¡Dale, dale que te dejo, no me llores boludo! ¿No sos grande vos??
El Ariel salto de alegría, con la izquierda se manoteo las lágrimas y los mocos, con la derecha la vara del carro. La alcanzaba apenas, juntos carro y niño formaron una ridícula imagen de felicidad, lo arrastraba casi colgado, colorado del esfuerzo y el frío, agarró velocidad en la pequeña bajada de la calle.
Eh pibe, pará, pará loco! ¿No ves esas botellas en la casa de la esquina?
Esa noche Ariel, en la cama que compartía con su hermano grande, soñó que manejaba una hermosa nave espacial cargadísima de botellas de colores diferentes, más brillantes que las mismas estrellas.

 


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